I
Acá en esta orilla haces presencia
y corres, corres a través del estrecho
sendero de la luna de mis noches tristes
que sin reparos lava el milagro
de tu vientre absoluto y constante.
Pero vuelves a mí
ultrajada, confusa por este ineficaz recuerdo
II
He aquí que me levanto
que alzo el vuelo
que festejo el día
y desde el amplio abril de la avena
mi nombre es apenas una sucesión de lenguas.
Ya la sangre hierve
ya estoy pariendo al guerrero, al sabio,
a la insensatez y la opulencia.
Ya los ejércitos del olvido tejen su color
en las líneas de mi mano.
III
Acaso no entiendes
que estoy perdido
que vago a través de estas cuerdas de la vida
como malabarista viejo y cansado.
Devuélveme ya a casa.
Acaso no entiendes
que padezco el alto exilio de tu beso.
IV
Yo vi encallar al viejo galeón
y bajo la sumatoria de los días
vi apagar su vela.
Yo vi nacer el nido más alto
de un ave opulenta.
Y desde la nebulosidad de mi ojo
sentí el blanco aleteo de un ave
o de una vela.
Todo esto sobrevino sin ti a mi lado.
jueves, 28 de octubre de 2010
Semi-dios
No vengas a mí a hablar de soledad
pues, he sentado a mi lado
en un mismo instante al infinito y Adán.
Ni de ausencias
pues en algún tiempo Troya limitó
en una línea de mi mano.
Yo cree la oscuridad del cuervo y la palabra muerte,
aún latente, la amarré a un giro del viento.
Escribí con la misma tinta cada imagen que el hombre reinventa.
Pero cometí un error: ¡le di alas al amor!
pues, he sentado a mi lado
en un mismo instante al infinito y Adán.
Ni de ausencias
pues en algún tiempo Troya limitó
en una línea de mi mano.
Yo cree la oscuridad del cuervo y la palabra muerte,
aún latente, la amarré a un giro del viento.
Escribí con la misma tinta cada imagen que el hombre reinventa.
Pero cometí un error: ¡le di alas al amor!
Agujas del tiempo
Largas horas se sentaba la abuela a tejer.
El mundo, sujeto al péndulo de su mecedora de mimbre,
oía reventar las cosechas, relampaguear el río.
Los días pasaban suaves como la mano de un dios
sobre la cabeza del afligido
Una fiesta de hilos se propagaba por el corredor, el traspatio,
saltaba por los calados del cuarto de chécheres, espantaba gatos.
Yo la observaba en la comodidad que solo brinda la niñez. Sin entender.
Muchos años después, aún sin entender,
las agujas inexorables de la abuela vuelven cada día
para bordar la soledad en mis ojos.
El mundo, sujeto al péndulo de su mecedora de mimbre,
oía reventar las cosechas, relampaguear el río.
Los días pasaban suaves como la mano de un dios
sobre la cabeza del afligido
Una fiesta de hilos se propagaba por el corredor, el traspatio,
saltaba por los calados del cuarto de chécheres, espantaba gatos.
Yo la observaba en la comodidad que solo brinda la niñez. Sin entender.
Muchos años después, aún sin entender,
las agujas inexorables de la abuela vuelven cada día
para bordar la soledad en mis ojos.
Ahora
ahora exiges una respuesta
ahora que lanzado a la calle como un interrogante
como un dado en torno a la luz mayor
voy dando tumbos
ahora que todos mis signos vitales
tienen la curvatura de pregunta.
Salmos
Sabías en tus adentros
que los poemas
no bastan.
(Rafael Cadenas)
Ni el apacible árbol que hospeda
constelaciones de azulejos nocturnos
ni un pez de reflejos en cualquier río del mundo.
De nuevo frente a ti mismo
con todas las depravaciones y salmos
y la contundencia de una hora fija.
El libro atesora los ojos tibios
que nunca dejan de leer.
Los amigos escucharán. Sin saber
mendigan un aire muy grueso.
Erato toca la puerta abierta desde siempre,
saborea el vino añejado
por la música de la madera.
Pero estás solo con la vida y sus ademanes.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Sonata del ausente
Cuando me aborde la muerte con su afán de niño
le entregaré primero los pies
no vaya a ser que a través del camino, amada,
te llegue mi último latido también.
le entregaré primero los pies
no vaya a ser que a través del camino, amada,
te llegue mi último latido también.
Quixote de la avenida
¿Acaso has sentido tú, Sancho amigo,
tanta noche refugiarse en ojo humano,
terrible tristeza venida de golpe
cual bella bandada de pájaros atroces,
leve arrullo de infinitesimal soledad?
tanta noche refugiarse en ojo humano,
terrible tristeza venida de golpe
cual bella bandada de pájaros atroces,
leve arrullo de infinitesimal soledad?
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